
El proyecto
Modulab nació de un problema operativo.
En 2021, la producción audiovisual que realizábamos para los clientes de Eloquent había crecido hasta un punto en el que trabajar desde nuestro piso dejó de ser viable. Necesitábamos más capacidad, mejores condiciones técnicas y un entorno que pudiéramos adaptar a proyectos diferentes.
Decidimos convertir esa necesidad interna en un negocio independiente: un estudio de fotografía y vídeo que pudiera utilizar nuestro equipo, pero también otros fotógrafos, productoras, marcas y creadores de Barcelona.
Estábamos en plena pandemia. Para reducir el riesgo inicial, buscamos un espacio cercano a casa, conectado mediante transporte público y con buenos accesos a la ciudad. Negociamos un contrato de un año a un precio reducido y escogimos un local en La Sagrera.
La pregunta ya no era solamente cómo acondicionar un estudio. Era cómo diseñar un producto físico-digital que pudiera atraer clientes, gestionar su capacidad y ofrecer una experiencia consistente.
Construyendo Modulab
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Diseñar una arquitectura modular
Concebimos el espacio como un sistema de producción flexible.
Cada zona debía tener suficiente identidad para funcionar como escenario, pero no podía convertirse en un decorado permanente. Diseñamos una arquitectura modular en la que los muebles, fondos y accesorios pudieran reorganizarse para crear composiciones distintas.
Esto permitía que una sesión de retrato, una producción de moda y una grabación de producto utilizaran el mismo espacio sin obtener siempre el mismo resultado.
También ampliamos progresivamente el inventario técnico y visual. Llegamos a reunir la selección de fondos de cartulina más amplia que conocíamos en Barcelona, además de mobiliario, accesorios y equipo audiovisual disponible para alquilar dentro del estudio.
La flexibilidad no era solo una decisión estética. Aumentaba los casos de uso del espacio, reducía las necesidades logísticas de los clientes y nos permitía atender producciones muy diferentes con una misma infraestructura.
Un estudio y una comunidad de creadores
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Mi papel
Como fundador y director de operaciones, me encargué de convertir el espacio en un negocio que pudiera funcionar de forma repetible.
Definí el modelo operativo, la propuesta de valor, los servicios, las tarifas, los canales de captación y la experiencia de cliente de extremo a extremo. También diseñé los sistemas que conectaban la web, las reservas, la preparación del estudio, la atención presencial y el seguimiento posterior.
En términos de producto, Modulab combinaba tres capas:
- Un espacio físico modular para producir fotografía y vídeo.
- Una capa digital para descubrir, evaluar y reservar el estudio.
- Un sistema operativo para mantener la calidad del servicio independientemente de quién estuviera a cargo.
Mi responsabilidad era hacer que esas tres capas se comportaran como una sola experiencia.



El servicio también se diseña
La parte más importante de Modulab no era visible en las fotografías del estudio.
Diseñamos el recorrido completo del cliente: desde la primera consulta hasta el cierre de la reserva. Definimos cómo responder, qué información enviar, cómo preparar el espacio, cómo recibir al equipo, qué explicar durante el recorrido inicial y cómo dejar el estudio listo para la siguiente sesión.
Después convertimos ese recorrido en Procedimientos Operativos Estándar, o SOPs.
Documentamos las tareas, los responsables, los criterios de calidad, los niveles mínimos de inventario y las condiciones que debían revisarse antes y después de cada reserva. El sistema incluía el equipo técnico, la iluminación, los fondos, la limpieza, los consumibles y la preparación de las zonas comunes.
Sí, también especificamos las cápsulas de café, las servilletas, el agua, el ambientador y el papel de baño. No por obsesión decorativa, sino porque la experiencia de un cliente también depende de esos detalles aparentemente menores.
Los SOPs cumplían una función estratégica: convertir nuestro criterio personal en un sistema que otras personas pudieran ejecutar.
Gracias a esa documentación pudimos incorporar y formar a nuevos miembros del equipo sin depender de instrucciones improvisadas. La calidad del servicio ya no estaba únicamente en nuestra cabeza ni exigía que los fundadores estuviéramos presentes en cada reserva.


Una estrategia de salida al mercado
Para lanzar Modulab necesitábamos construir demanda desde cero.
Empecé investigando cómo buscaban un estudio audiovisual los fotógrafos, productoras, marcas y creadores de Barcelona. A partir de ese análisis definí la arquitectura y los contenidos de una web orientada al posicionamiento orgánico.
El SEO, la ficha de Google Business e Instagram se convirtieron en nuestros principales canales de captación inbound. También distribuimos la oferta a través de plataformas especializadas, como Spathios y Kuarere, que nos permitían llegar a personas con una intención de reserva clara.
No queríamos depender de responder manualmente a cada consulta. Por eso diseñamos un sistema de reservas online que mostraba la disponibilidad y reducía los intercambios necesarios para confirmar una sesión.
Automatizar esa parte del recorrido disminuyó la fricción para el cliente y liberó tiempo operativo para el equipo.
Creadores como canal de adquisición
Complementamos el posicionamiento orgánico con una estrategia de colaboraciones.
Identificábamos fotógrafos, artistas, creadores e influencers con comunidades de más de 2.000 seguidores en Instagram y les ofrecíamos dos horas gratuitas para conocer el estudio.
La intención no era pagar por publicaciones aisladas. Queríamos que personas relevantes dentro de distintas comunidades creativas probaran el producto, produjeran en él y pudieran recomendarlo desde una experiencia real.
También activábamos concursos estacionales en los que regalábamos sesiones de cuatro horas. Estas acciones reducían la barrera de entrada, generaban contenido orgánico y nos ayudaban a presentar Modulab a nuevos segmentos de usuarios.
El estudio funcionaba bien cuando se veía en uso. Por eso, facilitar una primera experiencia era más efectivo que intentar explicarlo todo mediante publicidad.
Diseñar la recurrencia y aumentar el LTV
Una reserva puntual validaba el interés. La recurrencia hacía sostenible el negocio.
Creamos paquetes prepago de 10, 15 y 20 horas con descuentos progresivos. Aunque no eran una suscripción formal, cumplían una función similar: incentivaban el uso recurrente y convertían el estudio en una infraestructura habitual para determinados clientes.
También ofrecíamos descuentos en el alquiler de equipo audiovisual dentro del espacio. Esto aumentaba el valor medio de cada reserva y evitaba que los clientes tuvieran que coordinar proveedores adicionales.
La combinación de paquetes, alquiler de equipo y reservas online nos permitió trabajar sobre el valor de vida del cliente —el LTV—, no solamente sobre el volumen de nuevas reservas.
El objetivo era sencillo: que la primera sesión no fuera el final del recorrido, sino el comienzo de una relación recurrente.
Construir comunidad alrededor del producto
Con el tiempo, Modulab dejó de funcionar únicamente como un espacio de alquiler.
Creamos una agenda de talleres y cursos sobre creatividad e invitamos a artistas y colectivos a desarrollar actividades en el estudio. Estas iniciativas generaban nuevas razones para visitar el espacio y fortalecían la relación con la comunidad creativa de Barcelona.
La programación también nos permitía observar nuevos usos del estudio. Algunas decisiones de producto surgían precisamente de ver cómo las personas adaptaban el espacio para necesidades que nosotros no habíamos previsto inicialmente.



Resultados
Desde el primer año superamos las 400 reservas anuales.
Más de 2.500 personas pasaban cada año por Modulab y la ficha de Google alcanzó las 100 reseñas, con una valoración media de cinco estrellas. El canal de Instagram consiguió más de 2K seguidores de forma orgánica.
El crecimiento nos permitió contratar y formar a otras personas para operar el estudio. Los SOPs, el sistema de reservas y la documentación interna hicieron posible delegar la gestión cotidiana sin perder el estándar de servicio.
La recurrencia de los clientes y la reputación acumulada demostraron que Modulab ya no era una solución improvisada para las producciones de Eloquent. Se había convertido en un negocio con marca, demanda, procesos y capacidad operativa propia.
Diseñar también la salida
Durante casi cinco años desarrollamos Modulab y Eloquent en paralelo.
En 2025 evaluamos la siguiente etapa de ambos negocios. Modulab había demostrado su viabilidad, pero seguir operando dos compañías limitaba nuestra capacidad para concentrar recursos y atención.
Decidimos iniciar un proceso de venta.
No pusimos en el mercado solamente un local con mobiliario. Preparamos un sistema llave en mano que incluía la marca, la presencia digital, la tecnología de reservas, los procedimientos operativos, la cartera de clientes, el mobiliario y el equipo audiovisual.
En octubre de 2025, la productora audiovisual Pixel Estudio adquirió Modulab en su totalidad.
La operación fue nuestro exit: transferimos un producto operativo, con clientes, reputación, activos y procesos documentados. El comprador podía continuar el negocio sin tener que reconstruir desde cero el conocimiento que habíamos acumulado durante años.

Aprendizajes
Modulab me permitió diseñar y operar un negocio físico-digital completo.
Trabajé sobre el producto, la experiencia de cliente, la adquisición, la recurrencia, la capacidad operativa, la formación del equipo y, finalmente, la transferencia del negocio a un nuevo propietario.
El aprendizaje más importante fue entender que sistematizar no significa eliminar el cuidado humano. Significa identificar qué hace que una experiencia funcione y convertirlo en criterios que cualquier miembro del equipo pueda aplicar.
Durante los primeros meses, Modulab dependía de nosotros para casi todo. Cuando lo vendimos, podía funcionar sin nuestra presencia cotidiana.
Para mí, esa fue la prueba más clara de que habíamos construido algo más que un estudio, habíamos construido una marca, un negocio y sobre todo, una comunidad y un espacio dedicado a la creatividad.
Todo a lo que se le pone cariño, crece.



















